jueves, 5 de noviembre de 2009

Miralo ahora

¿No les pasó de reencontrarse con aquel esperpento que quería ser nuestro novio convertido en un monumental ejemplar de la especie masculina?
Recuerdo a un flacucho lleno de granos que me atormentó a cartas durante los dos últimos años de secundaria. Se escondía (o lo escondían) detrás de unos enormes culos de botella sin los cuales le era imposible ver. No hacía gimansia por no sé qué problema de salud y era alérgico a todo; compensaba con sus excelentes notas, claro pero de chicas, nada. Nadie sabe cómo se animó y para qué, me preguntaba yo, se imaginarán que pasé a ser la comidilla de mis compañeros que, en voz baja (esa voz baja que se escucha) probaban todo tipo de alias hasta que quedó "la novia de Cuasimodo".
Habían pasado diez años y Cuasimodo aterrizó en una pistera de 600 cilindradas en la puerta del local donde yo laburaba, desplegó su metro ochenta poniendo el estabilizador de la moto, sacándose el casco descubriendo el magnífico resultado de un peeling quirúrgico (quién sabe por qué signos de la vida siempre les queda mejor a ellos que a nosotras) y sus ojos estaban sin esconder gracias a los lentes de contacto. De todo esto me di cuenta después, claro, hasta ese momento era "mirá el potrongo que está estacionando la moto en nuestras narices" (mi compañera de laburo y yo nos avisábamos cuando pasaba algo que valía la pena, eso sólo cuando teníamos poco laburo).
Mi trabajo consistía en cobrar cuotas de autos, en cada boleta rezaba el nombre del titular en letra del tipo "12" en negrita así que era imposible no ver de quién se trataba.
Entra al local, yo chupando la panza, con paso de gacela me dirigí a la caja y con la mejor cara de "no me importa que estés que te partas de lindo, yo te ignoro", saludé y procedí a sellar la boleta y... y... y sí, mucha y... se me aflojaron las piernas cuando leí su nombre y levanté la vista sólo para percatarme de que el muy guacho se había dado cuenta de que lo  había reconocido y, lo que fue peor... que yo me había dado cuenta que era él... Cuasimodo.
No sé, les juro que no sé qué comió ese chico para convertirse en una mezcla de Benicio del Toro y sonrisa de George Clooney, con esa misma sonrisa pagó y se dignó a dirigirme unas palabras para envidia de mi compañera de laburo "¿Cómo estás? ¡Tanto tiempo! No cambiaste, ¿eh?, bueno a ver cuándo me entregan el auto, nos vemos".
Por supesto que me quise coser con alambre de púas, salir corriendo y gritarle que me mate si no le sirvo, que me pegue con soga de barco, que me hiciera su basura pero... nobleza obligaba a agachar la cabeza y entender que, cuando no tiene que ser... no es nomás. Algo así creo que pensé como para conformarme.
¿A ustedes les pasó algo así?

8 comentarios:

Laura dijo...

bueno nena, que el flaco haya mutado en un bombonazo no le da carpeta para nada más que eso, pensá que seguro es un creido de mierda y que encima ni sabe hacer el amor


no?, no sirve?
mirá, no lo viste "actuando" asiq no sabés, siempre es una opción


besos

GuAmBrA LoCo dijo...

uuu...

agua que no has de beber..???

dejala a un ladito, a lo mejor en un par de años es potable ja ja ja...

a veces pasa

Mariela Torres dijo...

Ohh, ¡qué situación! Y eso debe ser porque las varones crecen después que nosotras. A los 17 una chica está preciosa, un varón no.

Milenius dijo...

guau, es una verdadera pena... Pero son cosas que pasan.

A mí me pasó al revés: vi hace un tiempo al bombonazo con el que salí a los 17 y que me hizo sufrir como una perra, y aparenta más edad de la que tiene y está medio "viejo" de carácter (como quejoso, ¿vio?). Como es unos cuantos años más grande que yo, y yo me tiño las canas, él aparenta ser muuuuuuuuuuucho más grande.

Igual le doy.

besos.

La candorosa dijo...

También me paso con uno que me arrastraba el ala en la secundaria, y al que obviamente no le daba bola ¡¡por feucho y petizón!!
Eso si, era muy inteligente.

Con el paso del tiempo ¡¡mameeeetaaaa!!, se transformó en un adonis lomudo, alto e inteligente.

Nunca dejé de lamentarme ¡¡por tanta falta de visión de futuro!!jaaaaaa

Saludazos!!!

Any dijo...

Por suerte no, a mi me pasó al revés. O sea, ver al pibe que partía la tierra de lindo a los 18 (y no me daba tronco de bola claro) convertido hoy en un señor gordito y con entradas. Se acercó a hablarme muy galante y me costó reconocerlo, y me sentí Julia Roberts para que negarlo ahhhhhhh! que buena sensación!
:D

Revolviendoelbananal dijo...

LAURA: Ese sí que sería un buen consuelo.

GUAMBRA LOCO: Uh, si de adolescente uno supiera lo que va a pasar...sería potentado jajaja.

MARIELA TORRES: Además medio bombolos todavía, nosotras ya andamos haciéndonos las maduras y ellos no saben si mirar una revista con chicas en bikini o jugar con autitos, qué edad de morondaga che.

MILENIUS: Jajaja pero qué caso delicado el suyo eh. Si el príncipe mutó en rana y todavía está para darle, debe estar para darle nomás.

LA CANDOROSA: Gracias, no me siento sola en mi desgracia jajaja.

ANY: Me gustaría que me pasara eso, sentirme Julia Roberts jajajaja.

Cariños a todos.

Sabrina O. dijo...

Jajaja genial , pasa, no recuerdo ningún caso ahora porque casi siemrpe es al revés, nos volvemos viejochotos, pero ha ocurrido con algunas compañeras de secundaria.

Los cirujas hacen milagros y los cuasimodos resentidos, compran.
:P

Saludos