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viernes, 9 de julio de 2010

Resistencias

La polémica está instalada, y los nervios de muchos, crispados. La mera posibilidad de que dos personas del mismo sexo puedan conseguir el estatus legal que otorga el matrimonio deja entrever que hay muchos más prejuicios de los que pensábamos, que no somos taaan civilizados como creíamos.

Es muy habitual escuchar gente que dice "no me fijo en lo que hacen los demás", "cada uno hace lo que quiere". Habría que ver cuánta de esta gente que no se fija en las elecciones que hacen los otros de verdad soporta algunas de ellas.

Hay, por un lado, una sociedad que se llama a sí misma civilizada y tolerante, y por otro lado, gente (mucha) que piensa que la sola existencia de una ley bastará para que sus hijos hagan una "elección equivocada".

Porque, por supuesto, hay que pensar en los niños. Cuánta hipocresía, por favor.

Como si los niños pudieran vivir en una nube de algodón y sin sexo ni sexualidad toda su vida. Como si los niños no tuvieran derecho a pensar distinto que sus padres el día que crezcan. Como si los niños fueran una entidad ajena a la sociedad, a la que hay que preservar quién sabe de qué males.

Los males de los que habría que preservar a muchos niños están constituidos por sus propios padres y madres, que no saben educar con amor, respeto y tolerancia hacia el prójimo. Creo que ya tuvimos suficiente de eso.

Creo que la ley (no sé, no la leí) no me obliga a casarme con una mujer, ni me obliga a asistir al casamiento o a pensar en un regalo para los novios ni a convivir con ellos; ni siquiera me sugiere que debería ir a a tirarles arroz al registro civil.

Lo que sí sugiere es la posibilidad de evolucionar para mejor, y da un paso en pos del respeto y la tolerancia hacia "el otro" o "lo otro" (oh, esa monstruosidad) de los cuales muchos carecen.

Déjense de joder, por favor.

lunes, 29 de marzo de 2010

Casos reales

S. está separada y tiene tres hijos. Para mantenerlos, trabaja limpiando oficinas y casas, y tiene una relación (nada serio, todavía) con un chico al que conoció en un boliche hace unos meses.
Queda embarazada, pero ya no quiere tener más hijos, con los tres que tiene, tiene suficiente para alegrarse la vida, y trabajo para rato.
Decide hacerse un aborto, y pide plata prestada para pagar lo que para ella es mucho dinero. Pero algo sale mal, y termina en el hospital.
S. relata cómo la maltrataron mientras la atendían en la guardia una médica y una enfermera:

- Así que quedaste embarazada y no lo querías tener. Lo tendrías que haber pensado antes, querida...
- En el momento que lo hiciste te gustó, ¿verdad? Y ahora venís con el problema acá.

S. tiene dignidad, y sabe responder:

- Vos tenés la obligación de atenderme, así que si no me querés atender, firmame el alta y atenete a las consecuencias, porque te voy a denunciar. Además, tendrías que pensar un poco más, y darte cuenta de que sos una mujer igual que yo, y que lo que me pasa a mi, podría pasarte a vos.

Inmediatamente le diagnosticaron una infección, la medicaron y quedó internada por unos días. 

Otro caso real:

Después del parto, el médico descubre en la paciente un desgarro en el cuello del útero. Como no hay anestesista de guardia y esperarlo podría significar un riesgo importante para ella, el médico le explica que deberá coser sin anestesia, que le va a doler, pero que es sólo un ratito, y que tendrá que tratar de aguantar.

La paciente llora, porque el dolor es mucho.
La partera, ni lerda ni perezosa, grita:

- ¿No te podés callar? ¿No ves que el doctor no puede concentrarse?
- A vos no te está doliendo -contesta la paciente-. Así que dejame llorar en paz, porque me estoy quedando quieta. 

El médico (aun sin tener ni siquiera la posibilidad más remota de sufrir el dolor que sufre su paciente, por un simple hecho: es hombre, ergo, no tiene útero) mira a la partera y le dice:

- Ya podés retirarte, no te necesito más por ahora, muchas gracias por todo.

¿Por qué tenemos que bancarnos estas cosas?
Algunas mujeres deberían ser un poquito más solidarias con sus pares, ¿no? Digo, ya que nos quejamos tanto de cómo nos tratan algunos hombres, sería bueno reflexionar un poco cómo nos tratamos entre nosotras...

También me pregunto qué pasa con las que, frente a abusos tan evidentes como estos, no saben qué decir, o son muy tímidas o temerosas. ¿Se tendrán que dejar pisar la cabeza?

jueves, 18 de marzo de 2010

Sincericidios

De todos los "remedios para el alma" que proponen los malos libros de autoayuda (y los autodenominados buenos, que también son malos), el sincericidio es el que mejor se te da.

Cada tanto cometés uno; y, tal como esos asesinos seriales que no pueden dejar de matar, lo que se te complica es no decir algunas verdades. No hablo de verdades de esas que implican a otro y que se dicen para que duelan (del tipo "estás más gorda" o "ese vestido te queda horrible"), sino de esas que, por decirlas, la mayor perjudicada (o beneficiada, hay que decirlo) sos vos. Por eso hablo de verdades. Aunque vayan cambiando, son verdades para vos. Si se refieren a otro, son simplemente opiniones.

Cuando tenés algo para decir... iba a decir "no medís", pero sí que medís; aunque de manera escasamente objetiva. Antes de decir, escribir, hacer, medís únicamente los pro. Una vez que dijiste, escribiste, hiciste, todos los contras vienen a tu cabeza, y ahí es cuando pensás "y ahora cómo me hamaco aquí".

Dicen que no hay que quedarse sin decir las cosas: la muerte es para siempre o por mucho tiempo, o no lo sabemos, o si volvemos, difícilmente recordemos que estuvimos aquí alguna vez. Tal vez por eso (quién te dice, en otra vida fuiste calladita y recatada), ahora te toca decir lo que tenés ganas de decir, hacer lo que tenés ganas de hacer y difícilmente ir en contra de lo que creés y pensás.

Pensándolo bien, no siempre fuiste así, quizás esas otras vidas están en esta, quizás esas mutaciones marcan muertes y nacimientos y nuevas muertes y así.

martes, 2 de marzo de 2010

¿Justificativos para el incesto?

Quienes hayan leído los diarios por estos días, se habrán enterado del caso de A.G., una chica de quince años (solo quince), que fue violada por su padrastro, quedó embarazada, y a quien la "justicia" le niega la posibilidad de abortar.

Me pregunto quién juzga a los jueces, quién juzga las justificaciones que esta gente otorga (sin decirlo, claro, porque queda muy mal) nada más y nada menos que a un delito tan espantoso como el incesto. Y me pregunto también quién se encargará, alguna vez, de condenar estas aberraciones.

Que el marco jurídico, que la ley, que la trampa, que la religión... (puff, esto se va de madre) la cuestión es que un padre (no importa que no sea el padre biológico) un padre viola a su hija y esta hija tiene que cargar con ese fruto, que debe tener más sabor a veneno que a otra cosa.

Un padre viola a su hija, va a tener un hijo-nieto con ella, y la justicia decide que es más importante esa vida que la de quien ya ha sido ultrajada una vez, y verá ese ultraje en la cara de su hijo (si lo tiene, "Dios" no lo quiera) todos los días de su vida.

Esa violación vuelve a ser cometida día tras día, cada vez que dice que no lo quiere tener y en cada oportunidad que alguien que no la conoce, que no sabe nada de ella, y sobre todo, a quien no le importa un reverendo rábano su sufrimiento, le niega el derecho a abortar.
 
Vergüenza da.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Ciudad de pobres corazones.

La canción que más me gustaba de Fito Páez, haciendo un poco de reflexión sobre el año que se termina, la cantidad de somatizaciones de gente que conozco y me rodea en nombre de...a esta altura del año no doy más...La manera obscena en la que se cocina y se toma hoy como si se terminara el mundo y no, no se termina el mundo, es sólo el año. Miro como si de una película se tratara, los parientes que se besan con buenos deseos mientras durante el año se cagan a la primera oportunidad, escuché a un par de judíos decir...feliz navidad... y hasta brindar morfando pan dulce; escuché a ateos celebrarla así que se trata de un fiesta hipócrita, claro que no he descubierto el hilo negro con esto pero...pero...a mí la navidad siempre me hizo mucha ilusión, preparar los regalos, ver la cara de satisfacción del regalado, la excusa perfecta para pintar la casa y adornarla con colores en un juego infantil que me está permitido como buena adulta con alma de adolescente, no de niña si no, sería más fácil entenderme.

Y hablando de Fito, me arruinó el poco espíritu navideño que junté, cada vez más pibas, cada vez más hermosas, qué querés que te diga, a mí me hace sentir como un viejo costal celulítico y sin ánimo de nada. ¡Viva Demi Moore!

domingo, 20 de diciembre de 2009

El manipulador y tus amigas

A muchas nos ha pasado eso de tener una relación con un manipulador.

Si ningún tipo es fácil, éste tipo de tipos lo es mucho menos, justamente porque es de los que necesitan dirigir la vida de los demás. A veces la de los amigos, a veces la de los padres, muchas veces la de sus empleados, pero siempre, siempre, tratarán de guiar (y no precisamente por la buena senda) la vida de la pareja y de sus hijos, si los tienen.

Una de las mayores broncas de todo manipulador es el espacio personal que su pareja pueda tener; y entre estos, el más importante es el que las mujeres tenemos con nuestras amigas.

El manipulador tratará por todos los medios de que su pareja quede lo más sola posible. Es muy común que todo comience con "A ésta no me la banco", o "Pero mirá cómo se viste", o "¿Qué? ¿con un novio nuevo? Esta es una loca". No es nada raro que la mujer entonces decida ver menos a sus amigas, por uno u otro motivo, y se vaya quedando cada vez más sola.

¿Por qué esa obsesión con las amistades?

La persona más fácilmente manejable es la que está sola. Las reuniones de amigas son un "peligro" para el manipulador, justamente porque los vínculos de amistad que generamos las mujeres son, en general, muy profundos. Solemos ser muy abiertas, sensibles, y tendemos a contarnos "todo". En ese todo (el manejador lo sabe muy bien) entran, por supuesto, los problemas de pareja.

Por eso es muy común que, frente a cualquier discusión, estos hombres respondan "seguro que te estuvieron llenando la cabeza". Estos comentarios, mezclados con una pizca de inseguridad son, para una mujer, un cóctel explosivo. ¿Quién tiene razón? ¿El hombre que elegí o las amigas (que también elegí)?

Nadie está del todo a salvo, porque inseguridades tenemos todos. El manipulador no es un tipo que la "tenga clara"; al contrario: suelen ser muy inseguros, por eso no soportan casi ningún tipo de planteos y se niegan a escuchar razones cuando, cualquiera sea la discusión de que se trate, están convencidos de tener, justamente, toda la razón.

No hay que confundir "el amor" con "entrega absoluta" de tiempo y espacio. Ni a un hombre, ni a una amiga, ni a un trabajo, ni a la casa, ni a nada. Una persona completa es la que puede diversificarse, enriquecerse con distintas actividades y también, por supuesto, con gente que la rodea. 

Es muy triste cuando estas mujeres "deciden elegir" a un hombre y nada más. Aquí reside el poder del manipulador: en saber que la mujer se quedó "sin redes". Una vez conseguido eso, es muy fácil para estos hombres continuar con su trabajo de araña. La única red, la única salvación, el único que está es él. Difícil, entonces, que la mujer tenga plena libertad para decidir, llegado el caso, si quiere seguir con él o no.

Todo, o casi todo, es cuestión de saber, querer y proponernos seriamente defender nuestro espacio.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Valor

Que somos lo que valemos, que valemos lo que creemos valer, que tenemos que aprender a valorar nuestros esfuerzos y a nosotras mismas, que...

Puro cuento de autoayuda. Pero, hay que decirlo, es bien cierto.

La cosa es ¿cuánto vale hacernos valer? Y, ya que estoy desvelada, doy vuelta la pregunta: ¿cuál es el costo que pagamos por no hacernos valer?

A la hora de decidir algo (lo que sea) se ponen en juego distintos miedos: a enfrentarnos al otro, a un fracaso, a lo que vendrá, a lo que no vendrá, a soltarnos de la mano de lo conocido, a encarar lo "por conocer". También, ¿quién te dice? está el miedo a ser mejores, porque, como se supone que no hay vuelta atrás para algunas cosas, también suponemos que si avanzamos un paso nunca más podremos retroceder. Entonces, si somos mejores, tenemos la obligación de serlo todavía más, mañana o pasado.

¿Quién lo dice? ¿La sociedad?, ¿la familia?, ¿la tele?, ¿uno mismo?, ¿todo eso junto?

¿Es que hay, sí o sí, que avanzar todo el tiempo? No lo sé.

La cosa es probarse y probarnos que podemos cambiar, que podemos hacer y deshacer, que para quietud están la muerte o la desesperanza.

Por el momento, la espera. Pero también, es época de balances; y ¿por qué no, de una buena vez? de año nuevo, vida nueva. Es el momento de abrir caminos, en realidad, todo el tiempo es tiempo de abrir nuevas sendas.

Cada vez que sentimos que nos estancamos, que caímos en la excesiva tranquilidad que nos da la rutina.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Exigimos dignidad

Leo esto en un informe de Amnistía Internacional:

"Cada año, más de medio millon de mujeres -una por minuto- mueren innecesariamente debido a complicaciones derivadas del embarazo y el parto. La mayoría de estas muertes podrían haberse evitado ofreciendo en el momento necesario atención médica de alta calidad, accesible y asequible".

"La pobreza no es natural, inevitable o accidental".

No se trata de mirar hacia otro lado, la pobreza está ahí, rozándonos los talones.

No se trata de "pobres habrá siempre", como dijo alguna vez un innombrable.







Se trata de mirar de frente a estos problemas, de buscarles solución, de hablar de ellos. Y, sobre todo, de luchar contra razonamientos arcaicos que buscan mantenernos en una posición pasiva respecto de nuestro propio cuerpo y nuestras propias expectativas de vida.


No es la iglesia católica la única institución que hace gala de su característico anacronismo con respecto a algunas cuestiones: los gobiernos y los medios de información que aceptan, avalan y difunden sus declaraciones como si fueran verdades universales también son culpables de que en este momento una mujer esté muriendo por causas absolutamente evitables.






Sumate a esta campaña, exigí dignidad.

Acá podés firmar una carta dirigida a la Presidente de la Nación, para que se declare contra la violencia hacia las mujeres.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La mujer invisible

Como ya les conté, estuve en Jujuy (chivito: hay fotos subidas en mi picasa, por ahora dos álbumes, pronto habrá más).




Es una felicidad poder conocer algo más de este bellísimo país que -cosas de la vida, de la economía, de la eterna crisis que por una u otra razón siempre parece a punto de estallar- se nos hace tan difícil de recorrer a los propios argentinos. Me da bronca ver tanto europeo para quien lo que paga por cualquier cosa es poco y nada, cuando para nosotros todo es muchas veces muy pero muy caro...




Pero, en fin, pude hacerlo, y tengo los ojos llenos de montaña, la cabeza oxigenada (y no me decoloré, lo juro) y la neurona descansada.

Ahora... hay algo que me llamó poderosamente la atención: por estas zonas, las mujeres somos prácticamente invisibles. Cada vez que subí o bajé de un micro, cada vez que entré a un negocio, como es mi costumbre aquí, allá y en cualquier parte, saludé: "Buen día", "Buenas tardes". Si quien me atendía era una mujer, la respuesta era pronta y amable. Ahora, si era un hombre... la mayoría de las veces no recibía respuesta.


Cuando era chica, era sumamente tímida, y era verdad que muchas veces hablaba y no se me escuchaba. Pero ya grande, muchas de esas timideces fueron superadas y, más allá de que muchos me digan que tengo una voz un poco aniñada, en general, se me escucha. Pero allá no. Es más, si estaba junto a R., saludaba yo y la respuesta era un silencio absoluto. En cuanto saludaba él, "buenos días, señor", "buenas tardes, señor", "de nada, señor"; la respuesta no se hacía esperar.

Se lo comenté a Tina, oriunda de esos lares y actualmente esposa de Emilio, un amigo de R. que se mudó a Jujuy hace aproximadamente un año. Ella no se asombró ni un poco, y agregó: "yo vivo acá desde que nací, y siempre fui Tina. Ahora soy la esposa del doctor".

Las mujeres cargan con hijos y bolsos, dirigen pequeños rebaños, atienden negocios, venden artesanías o comidas hechas por ellas, andan, andan, andan... Nunca vi tantas mujeres trabajando. Y sin embargo, estoy segura, son casi invisibles. 




Más de una vez me enojé; ahora comprendo. Pero no me gusta ni un poquito, qué querés que te diga.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Es lo que hay


Mirando esta fotografía, pensando en el antes y el después de la vida de Shabart Gula (al fin tuvo nombre y apellido), recontrafamosa la primera, la segunda también, pero no logró opacar el impacto de la primera y la crudeza de su hermosa mirada, la expresión despojada de toda vulnerabilidad, resistiendo.
Es en verdad una prueba más de la "resistencia" de una mujer, como ella...miles en estos momentos, en todos los momentos, en todos los tiempos. Leía sobre su vida, qué había sido de ella durante todo ese tiempo y resulta que está casada, es devota religiosa, tiene cuatro hijos y un par se le murieron, en fin...de todo uno se viene a enterar a raíz de la repercusión de la primera foto que dio un buen dividendo a la Nathional Geographic y, por consiguiente a su autor. Dice que la buscó incansablemente y que, 17 años después la encontró, que él ni siquiera sabía su nombre, todo muy romántico y vendible. Cuestión de que tuvieron que pagar una buena suma a su familia para poder volver a retratarla, suma que sería un chiste al lado de lo que ganarían.
Dice que ella no sabía lo famosa que era y acá les dejo un enlace que está detallado el tema que les cuento a grandes rasgos nomás, sin intenciones de hacerme la periodista.
Pienso "¡Guau! qué vida de mierda pobre mina, menos mal que no me tocó vivir una cosa así" pero estoy cómodamente sentada en mi casa, pudiendo gritar a mi marido sin temer a perder un miembro de mi cuerpo por ello, saliendo a la calle sin algo que me tape la cara, sé que mañana voy a poner algo en la mesa para que mis hijos coman, abro la canilla y sale agua, cocino con gas y muchas cosas que, la mayoría de nosotras no se da cuenta por lo cotidiano y que para Shabart Gula deben ser un lujo impensado, tan impensado como ser famosa y no recibir crédito por ello, sólo la guita que fue a parar a manos de su marido o dueño por aquellos lares.
Claro que la notoriedad o el dinero no harán "la diferencia" en su vida, me refiero a la realidad que vive desde niña, pero el bolsillo del fotógrafo debe ser distinto después de eso.
Ahora tendrán que pagar derechos a las plantas, animales, montañitas, lagos, ríos, arroyos, como exigen las "celebridades". No sé, digo. Mirá si se aviva Shabart y le pide algo para ella, sin marido, sin burka eh...imagino al fotógrafo diciendo que, estas son las reglas del juego, esto siempre se manejó así... "es lo que hay"

domingo, 1 de noviembre de 2009

Una vida propia*

Se terminaron los pañales, se acabó el jardín, terminó la primaria... De golpe te das cuenta de que tu hijo es adolescente.

Emocionante, desgastante, cansador... Las discusiones y peleas se multiplican, el humor no alcanza y el amor... Glup. Sí lo amo, es mi hijo, pero ¿quién es? Esa personita que parecía requerir de todo nuestro tiempo y nuestro abrazo creció y no nos da ni un tercio de pelota. De golpe quiere estar solo, ¿es que de un momento a otro estamos de más?

Pero sobre todo, ¿qué pasa con nosotras cuando los hijos crecen? De golpe parece que nadie nos necesita, y nos encontramos como desnudas en medio de una plaza. Nos damos cuenta, tal vez, de que durante los años de infancia de los chicos prácticamente lo único que hicimos fue... criar chicos: correr del cole a un cumpleaños, llevarlos al pediatra, ir a la plaza, organizar cumpleaños, hacer de enfermeras...

¿Y yoooooooo?

Las que ya hemos pasado con más o menos turbulencias esta etapa de los hijos sabemos ya que "nada es lo peor". Pero aquellas que están transitando por ese momento, simplemente, muchas veces tienen ganas de desaparecer.

El crecimiento de los hijos (y la creciente independencia que adquieren) nos brinda otra oportunidad: la de hacer la nuestra, de darnos cuenta de que tenemos una vida, y que tenemos que hacer algo (más, mucho más) con ella.

Buscar nuevas inquietudes, salir más, aprovechar de otra manera el tiempo.

No somos nuestros hijos, y ellos no son nuestra vida. Si hasta ahora no nos dimos cuenta de que somos mucho más que madres, llegó el momento.

Nadie dijo que fuera fácil. De alguna manera, es una separación. Los pibes empiezan también a darse cuenta de que tienen una vida, y quieren hacer 800 cosas por segundo con ella.

Y nosotras ya sabemos que no se pueden hacer 800 cosas por segundo.
Con buscar una que nos permita disfrutar y seguir creciendo, más que suficiente.
Aunque tengamos que probar 800 cosas hasta encontrar la que nos guste.

* Esta entrada me la inspiró Yo, la peor de todas, que anda pasando por un momento más o menos como este que describo...

jueves, 29 de octubre de 2009

Letras

Por medio de la presente solicito a mis compañeras y lectores que,sean tan amables de revolearme un buen cascotazo por los horrores ortográficos y gramaticales de mi post anterior sobre las brujas.
Pido humildemente disculpas y no tengo justificativos, no se me ocurre nada en verdad sino más bien las razones válidas como el apuro, el cansancio, porque ello va en detrimento del hacer de mis compañeras de blog, a quienes agradezco su paciencia y su buena onda. Quise dejarles este poema de Pablo Neruda que habla de nosotras. Quisiera ser así o que alguien me viera así. Benditas sean las musas de los artistas.

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!
¡Ah las rosas del pubis! ¡Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
¡Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

Pablo Neruda

viernes, 23 de octubre de 2009

¿Cuántas horas tiene tu día?

"Cuando me levanto temprano a la mañana me cebo unos mates y riego las plantas..."

Ah, sí, doña, vea: cuando me levanto temprano a la mañana, me voy a correr. Cuando vuelvo, mientras me ducho, el criaturo se levanta y pone la pava para tomar mate.

Unas tostadas con queso blanco y mermelada dietética y un jugo de naranjas completan el desayuno.

Una vez listos, partimos hacia un nuevo día; el mío, de trabajo, el criaturo parte en tren al conservatorio.

En el trabajo, ay, como todos los días, me esperan nuevas tareas y un jefe que es un sol: cada día es un nuevo desafío.

Enfrento cada tarea con una sonrisa, y a media mañana me tomo un Actimel.




Llegado el mediodía (ay, esa pancita, que pide algo rico, riquísimo, para el almuerzo...) me voy preparando para irme a casa: me espera un almuerzo rico en proteínas y bajo en hidratos de carbono: tres veces por semana, pescado; dos veces por semana, carne, alguna vez cometo una picardía y puede ser que coma pastas, si no, ensaladas. Todo bien regadito con agua mineral. De postre: una fruta de estación.

Durante el día, entre el gimnasio, el té con alguna amiga, algunas veces el cine, la verdad, no me queda mucho tiempo para amargarme. La vida es bella, señora, y si usted piensa lo contrario, es que le falta una buena dosis de... Pilates.

...



...

Cuando me levanto temprano a la mañana, apenas con el tiempo justo para tomar dos mates y vestirme (el peinado es cada vez más "decontracteé"), con suerte no me llevo al gato en lugar de la cartera y, con suerte también, las dos medias corresponden al mismo par.

Mi jefe no es más que... mi jefe.

Hago el trabajo de tres personas por el salario de media; y cuando llega el mediodía, de casualidad no pienso en comerme un buey asado (entero).
Cuando llego a mi casa (no, hoy no tuve que ir al súper...), cargo un lavarropas, cuelgo la ropa que me quedó de ayer, barro, paso el trapo de piso, apoyo el trasero en la silla frente a la computadora... y sigo trabajando.

A veces, una siesta, porque hay que seguir: la cena va a ser tarde, criaturo mayor llega a cualquier hora y no me dan ganas de hacer dos turnos de comida. Podría comer solo, sí, pero entonces ni nos vemos.

Qué distinta es la vida real de la publicidad, ¿no?
La idea de la energía que no se termina nunca, el estereotipo de la mina-que-hace-de-todo-con-mucho-placer, la verdad, me harta. Parece que no tuviéramos derecho a sentirnos cansadas: siempre tenemos que poder, tener ganas de (completar como más te guste: jugar con los chicos, hacer el amor, ir al gimnasio, trabajar, limpiar...)... todo con una cara de felicidad que no se parece en nada a la mía cuando tengo que hacer tantas cosas.

Decí que la vida sí es bella, que si no, no me levanto más. Lo único que le faltaba, con el quilombo que es, es que fuera espantosa.

¿Cuántas horas tiene tu día?

domingo, 18 de octubre de 2009

Piropeame un cachito...

Abrujandradespeinada me hizo pensar en eso. ¡Qué lindos son los piropos!

De verdad, no me importa una nada que lo que me dice un hombre sea verdad o mentira al momento de piropearme, solo me interesa que me haya dedicado el ratito (y el galanteo, obvio).




Más allá de las guasadas que una se acostumbra a escuchar en su paso por la ciudad, hay piropos que nos emocionan, que nos hacen sentir únicas, que nos inducen a enamorarnos (aunque sea por un momento) del hombre que nos lo dijo. ¿O me equivoco y soy la única tarada a la que se le escapan los ojos detrás del piropeador de turno?




Cuando me piropean lindo, regalo una sonrisa.

También hay miradas que son piropos, y que no solo están dedicadas a nuestras partes más carnosas, hay que decirlo. Hay hombres que miran a los ojos directamente y que dedican una sonrisa cuando, finalmente, y ante la insistencia, accedemos a mirarlos. Ah, sí, porque nos hacemos las exquisitas, ¿eh? En eso, cuando queremos, no hay quien nos gane.

A medida que pasa el tiempo y vamos madurando, las mujeres recibimos más piropos "de mirada" que de palabra. Quienes nos dedican el vistazo halagador son, también, hombres maduros que, tal vez por miedo o por vergüenza, ya no se animan a pronunciar el halago (una pena, de verdad). Pero no dejan de mirar.

Sépanlo, hombres, eso es bueno, queremos eso, queremos que nos miren, nos encanta que nos piropeen.

En este link, ¡¡piropos geek!!

Eso sí, ni se te ocurra mirar a otra si estás conmigo, porque te parto el sifón en la cabeza.

A mi me dijeron una vez un piropo del que no me voy a olvidar mientras viva (o mientras huya de las garras del Alzheimer):

"Sos un poema de Neruda hecho realidad".

Contanos en tu comentario cuál fue el piropo más lindo que te dijeron, dale.

Es una manera de agradecer a quien te lo dijo.

¡Feliz día a todas las que nos animamos a traer hijos al mundo (que no es poco, doña)!

Exijamos, hoy, un piropazo.

viernes, 16 de octubre de 2009

¿Me gusta ser mujer?

Pensando en cómo sería si fuera hombre tantas ocasiones en las que una desearía serlo, me lo planteé seriamente y no sólo cuando hay que depilarse, maquillarse, ponerse tacos, la menstruación, los partos, las revisaciones ginecológicas y sobre todo, a una edad en que la "panza" a nosotras no se nos perdona y a ellos los hace ver de una belleza madura aún potable mientras una sale inexorablemente por el tubo de la salida de carrera, ya está todo caído.
Copiando a Ana María Shua diría que, "si fuera hombre lo primero que haría sería dejarme crecer la barba" y olvidar para siempre hasta las maquinitas de afeitar. Calculando que yo fuera hombre no de nacimiento claro.
Sería un gran piropeador, les diría piropos lindos a todas y a las feas también.
Jamás miraría fútbol ni jugaría al truco. Sería fiel, divertido y siempre sorprendería a mi esposa con cosas agradables porque eso me divertiría a mí también.
Siempre llevaría flores a la casa para ponerlas como centro de mesa mientras comemos en familia.
Sería un excelente padre, responsable, amoroso, juguetón.
Me bañaría todos los días.
A mi esposa le preguntaría, cada vez que la vea triste, "¿qué te pasa?" hasta que deje de contestar "nada" y pueda contarme con libertad lo que siente para poder ayudarla.
Todos los días le preguntaría "¿qué tal tu día?".
Conseguirse una esposa es fundamental dada la utilidad que tienen, son funcionales y muchas veces, con dos palmadas en la espalda hacen que el mundo gire.
Después de todo, soy mujer por alguna razón y me gusta.

sábado, 10 de octubre de 2009

Caza de brujas

Cada vez que se escucha la frase de "caza (y posterior matanza, claro) de brujas" viene a la cabeza la imagen de la cofia, el vestido negro, el delantalcito y la santa inquisición (así, con minúsculas). Bien, caza de brujas de los pueblos originarios también hubo, tan crueles como implacables, ya que quienes ejercían ese derecho eran los españoles. Luego la cadena empezó a armarse y no cesó tiempo más tarde, llegaron a acusarse entre familias, entre las hechiceras de tribus vecinas pues, quién no aprecia su pellejo. Quizás eludir el tormento, sino evitar que fuera largo.
Lorenzo Deus cuenta:
...Esta hoguera se preparó entre dos árboles de cuyas ramas las descolgaron con unas sogas, atadas de la cintura y las dejaron caer sobre las llamas del fuego. Era un espectáculo desagradable y horroroso ver aquel cuadro espantoso. Las brujas saltaban en todas direcciones como pruebistas en los trapecios cuando fueron puestas en las llamas de la hoguera, hasta que se cortaron las sogas con el fuego y cayeron en las brasas donde se carbonizaron.
Che, no se espanten, que no porque no se lea, no pasó. El ñandú es el que esconde la cabeza, nosotros no tenemos cómo porque sencillamente, no se debe hacer. Claro que algunas zafaban aún cuando fueran torturadas, por ej. Pedro Andrés García en su viaje a Salinas Grandes dio amparo a una india que, después de ser arrastrada con un dogal al cuello, fue abandonada en el campo y durante quince días se alimentó de hierbas y huevos de aveztruz.
Una "bruja" en la tribu tehuclehe de Kanquel, fueron apuñalados y quemados sus pies para que no pudiese andar y llevar maleficios a otras personas después de muerta (tampoco viva se me hace, ¿no?),  la acusación fue la muerte del hijo del cacique que fue por tuberculosis en realidad.
Me vino a la memoria un libro que leí hace unos años y que aún da vueltas en la biblioteca de mi casa, Mujeres indígenas de la pampa y la Patagonia, de Norma Sosa; de allí extraigo este pequeño fragmento de vida de las pehuenches.

No toda la caza de brujas la hizo la inquisición como siempre nos vendió jólligud.
Hay muchos relatos todos documentados de la vida de valerosas mujeres que habitaron este suelo antes de la llegada de los "blancos". Algunas sabían de antemano que si sus maridos morían, ellas también debían estar en la tumba, dentro de ellas aunque estuvieran vivas, pero muchos eran buenitos y les daban un lindo piedrazo en la cabeza como para atontarlas y que no hicieran "barullo" cuando les tocaba acompañar al marido en su tránsito final.
Pienso que, menos mal que no me tocó, pienso que... menos mal que vivo en un tiempo en el que puedo levantar la voz sin riesgo a que me corten la lengua.
No estamos en el paraíso, pero tenemos herramientas y ganas.


lunes, 5 de octubre de 2009

Avisos para un trabajo como cualquier otro

"Es un trabajo como cualquier otro".

Es lo que suele decir mucha gente cuando se habla de prostitución.

Más allá del respeto que me merecen las trabajadoras del sexo, a la gente que dice eso suelo responderle "porque no lo tiene que hacer tu hija, o porque no tenés que hacerlo vos".

En España hay un debate que, por alguna razón, acá casi no llega: al mismo tiempo que se publican noticias sobre trata de personas, las páginas del diario rebosan de avisos con oferta de sexo. "Chicas chinas. 18 años. Muy dulces..." (extraigo uno de los que transcribió Página|12 el domingo 20 de septiembre).
La nota completa (muy interesante) está acá.

Allí se incluye también la opinión de Ana María de Miguel, profesora de Filosofía Moral y Política de la Universidad del Rey Juan Carlos de Madrid y feminista:

"Yo, cuando veo a las adolescentes de los países del Este y africanas por las calles de mi ciudad, siento el impulso moral de castigar pública y penalmente a los puteros. Pero creo que la prioridad es luchar contra la idealización que se hace del mundo de la prostitución desde muchos medios y desgraciadamente casi siempre desde el cine, las series... y casi siempre los hombres, que son juez y parte en este asunto. La prostitución no es la vida alegre, la mayoría de las prostitutas siente asco por los que les pagan, por más que tengan que fingir lo contrario. Creo que hay que hacer como con la violencia, denunciarla continuamente, interpelar a los varones..."




"El otro día en la tele salía una mujer africana y le preguntaban '¿por qué te prostituyes?'. No sabía español. Contestó: 'Yo, mamadas, cinco euros'. No sabía decir más'".

"Si nos importa algo dejar un mundo mejor a nuestras hijas e hijos, a las generaciones futuras, no podemos mandarles el mensaje de que (la prostitución) es un trabajo más. No podemos legarles una sociedad en que los profesores, al hablarles de las salidas profesionales, les digan a las chicas 'Y vosotras también, ya sabéis que siempre podéis ser putas. Las jóvenes como vosotras siempre tenéis muchas oportunidades en esta profesión'".

Eva Giberti, psicoanalista argentina, en la edición del 23 de septiembre del mismo diario, dice

"El cliente es violador".

"Muchos avisos de oferta de sexo dicen 'colegialas', 'chiquitas'. Aunque en la realidad no sean menores de edad, instalan simbólicamente en el imaginario que es aceptable y recomendable que un adulto tenga sexo con una niña. Se sabe que es 'mercadería' buscada porque garantizan el buen estado de salud genital, sexual. Es inducción al delito".

Algunos diarios, a todo esto, juntan con pala el beneficio económico de publicar estos avisos, a sabiendas de lo que gran parte de ellos implica: secuestro, esclavitud, trata de menores.

¿No sería hora de repensar estas cuestiones? ¿Vos qué pensás? ¿Dejarías de comprar tu diario o escribirías una carta de lectores solicitando que estos avisos dejen de publicarse? ¿Pensás que la prostitución es un trabajo como cualquier otro?

Obviamente, el tema no se soluciona dejando de publicar la oferta. Ya sabemos que va a seguir existiendo, pero sería interesante que los medios dejaran de ser cómplices de algunos delitos aberrantes.

Dejaron de publicarse avisos publicitarios de cigarrillos, porque el tabaco hace mal a la salud (esta es otra de las cosas que resalta Ana María de Miguel [Oh, ¡qué cosa! Jamás se me había ocurrido pensar en eso, ¿por qué será?]). Sin embargo, la oferta de sexo es escasamente cuestionada. ¿Será que no implica un daño para nadie?

sábado, 3 de octubre de 2009

Tu abuelita en cola less

Era una muletilla de mis épocas de secundaria (ignoro si aún se usa, acá no la escuché nunca...acá Nqn.), tan ofensiva que te daban ganas te trompear a quien te lo decía, además de ponerte un parate a tu imaginación y lo cómicamente aberrante de la imagen de "tu abuelita en cola less".
Cuando mis hijas eran pequeñas y me veían tejer, coser o hacer una torta preguntaban "¿quién te enseñó mami?" y yo contestaba que...mi abuela, mi mamá o alguna tía según fuera el caso, pero la mayoría de esas cosas me las había enseñado mi abuela con la que pasé la mayor parte de mi vida.
En una de mis pasadas por mi kiosco de revistas favorito, vomita de libros y revistas podría revolcarme en ese lugar tranquilamente, me cayó la ficha, se me iluminó el melón, entendí todo..."cocina rápida", "costura paso a paso", "empieze a tejer crochet" revistas con recetas y consejos femeninos existen desde hace muchos años, pero desde hace unos diez más o menos hay un auge que no cesa, que crece...los fascículos.
Vorágine contemporánea, absorbidos por completo por el sistema, corriendo para pagar las tarjetas de crédito, la juventud debe conservarse a como de lugar, el límite de estar buena ya no lo marcan los cuarenta años ( y está fantástico que sea así), si hace quince años me hubieran dicho que podría ver y charlar con alguien en tiempo real con una persona al otro lado del planeta el "Cosmos 1999" hubiera quedado un poroto.
Charlando por ahí, viendo, ocservando caigo en la cuenta de que son necesarias, que las cosas que antes te enseñaba "la abuelita" tenés que aprenderlo en las revistas, pasa que...la abuelita está en el gimnasio, en el spa, de fin de semana con su novio nuevo o en el chópin comprándose tangas.