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jueves, 5 de noviembre de 2009

Compra - venta...

.Consumidoras consumidas...



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Perdí la cuenta del tiempo que la mujer viene siendo utilizada para beneficio de un mercado tirano, donde cada día ser "carne de cañón" para la artillería del consumo nos parece normal.

El mercado a logrado lo que tanto insistió en conseguir: hacer de las damas las mayores consumidoras del planeta. Obvio, los batracios o las aves jamás entrarían en estas estadísticas, pero ya sabemos como es el tema con los seres humanos...

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Y aquí estamos nosotras, sobreviviendo entre el bombardeo de publicidad que nos indica cual es el camino irrenunciable e indiscutible para arribar sin tropiezos a la felicidad.
Las publicidades indican sin temor a equivocarse, que la belleza debe ser la única meta en la vida de toda mujer -lográndola solo bajo los parámetros de algún trasnochado- y se la debe perseguir a cómo de lugar.

Patologías psiquiátricas, físicas y espirituales rodean este "mercado", el cual sin hacerse cargo de las consecuencias, sigue facturando sus ganancias mientras cada día se incorporan nuevas consumidoras en las listas de semejante carrera al infierno.
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El gasto en elementos superfluos, esos que tienen costos astronómicos y utilidades nulas, son los que muchas adquieren porque la publicidad garantiza que al hacerlo, brindará ¡¡la felicidad absoluta!!

Cuesta entender las carencias espirituales que rodean a una mujer para que le hagan creer que un champú, una crema facial, un yogur, un desodorante o un detergente podrían brindarle toda la felicidad y el bienestar necesarios para su existencia.
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No voy a mentirles: me preocupa que cada día sigan ingresando en el área de las "crédulas consumidoras", muchas mujeres con potencial para otras áreas, esas que están lejos de los brillos vanales de un comercial, los que imposibilitan que se puedan desarrollar capacidades, cualidades y dones infinitos.
¿Acaso necesitan que les diga que todo lo que intentan vendernos es una mentira? ¿Que todo ello transita por una realidad aparente?...

¡¡Vamos, despabilemos la neurona mujeres!!, aceptemos el paso del tiempo; nuestra belleza -la que no es como las de las fotos de las revistas o como las de las estrellas de Hollywood-, es tan digna y completa como cualquier otra.
Defendamos quien somos sin depender de un espejo o de las comparaciones pueriles. Cumplamos nuestros verdaderos deseos de vida, lejos de las indicaciones de los que solo quieren obtener ganancias. Pongamos nuestras energías en llevar adelante lo que nos gusta y potenciemos eso que escondemos bajo tanto mandato ajeno, efímero y absurdo.
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Doll Face - Animación (¡imperdible!).
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miércoles, 21 de octubre de 2009

Liberación femenina...


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La mujer desde que existe como ser vivo (?), viene bregando por ser considerada un ser humano como cualquier otro.

Es así que sobreviviendo a las intenciones de aquellos que por todos los medios han querido acallar nuestra voz, la voz femenina... solo han logrado que se bajara un poco el volumen.
Postergando a la mujer, mancillando su honor, ridiculizando su imagen y tantos otros medios inútiles, no han podido hacer demasiado.

Como si se tratara de un sistema metódico, acallar a la mujer en sus necesidades y reclamos siempre fue la finalidad concreta, pero los siglos vieron surgir desde las mujeres la necesidad de hacer oír su voz y salir a demostrar que no solo eran seres que debían cumplir las tareas que los hombres disponían.
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El acceso a la instrucción, el derecho a estudiar y el poder llevar adelante vocaciones, hasta hace un siglo -o tal vez menos- fueron cuestiones que no admitían la presencia de la mujer.
¿Cuántas mujeres fueron muertas por no obedecer los mandatos impuestos?...

Pero habiendo transcurrido mucha historia y tras la 2º Guerra Mundial -más de la mitad del siglo XX-, muchas féminas se cansaron de tanta espera, de tanto insulto gratuito, de tanto espacio perdido, de tanto pedido de limosna por derechos inalienables... se cansaron de tanta idiotez.
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Entonces, a puro grito de libertad, salieron a revolear sus corpiños como señal de que nada las "aprisionaría", que nada las tendría "comprimidas" en su pensar.
A la par, la píldora anticonceptiva ya se comercializaba como un nuevo derecho adquirido, bajo la desaprobadora mirada de la iglesia, que poco venía haciendo por entender a las mujeres... (?).

Con esta particularidad los años 60 fueron unos de los últimos donde la sociedad pudo ser testigo de un gran grito, el que reclamaba espacios, libertades... reconocimiento.
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Hoy, a casi 50 años de ese momento histórico, los principales objetivos siguen siendo los mismos, el derecho al voto y a ser elegidas, la mejora de la educación, la apertura de nuevos horizontes laborales, la no subordinación de la mujer en las tareas domésticas en el hogar, mayor control sobre su sexualidad y varios más...

Tras siglos de historia donde hemos sido culpadas de brujería, criticadas, desaprobadas, reprobadas, reprochadas, vituperadas, calumniadas, condenadas, discriminadas, denostadas y asesinadas... va siendo hora de que la vida de la mujer sea considerada y respetada.

Sobre todo, para no tener que seguir elevando el volumen de nuestra voz -ese detalle que tanto les molesta a los hombres- solo para ser tenidas en cuenta...
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sábado, 10 de octubre de 2009

Caza de brujas

Cada vez que se escucha la frase de "caza (y posterior matanza, claro) de brujas" viene a la cabeza la imagen de la cofia, el vestido negro, el delantalcito y la santa inquisición (así, con minúsculas). Bien, caza de brujas de los pueblos originarios también hubo, tan crueles como implacables, ya que quienes ejercían ese derecho eran los españoles. Luego la cadena empezó a armarse y no cesó tiempo más tarde, llegaron a acusarse entre familias, entre las hechiceras de tribus vecinas pues, quién no aprecia su pellejo. Quizás eludir el tormento, sino evitar que fuera largo.
Lorenzo Deus cuenta:
...Esta hoguera se preparó entre dos árboles de cuyas ramas las descolgaron con unas sogas, atadas de la cintura y las dejaron caer sobre las llamas del fuego. Era un espectáculo desagradable y horroroso ver aquel cuadro espantoso. Las brujas saltaban en todas direcciones como pruebistas en los trapecios cuando fueron puestas en las llamas de la hoguera, hasta que se cortaron las sogas con el fuego y cayeron en las brasas donde se carbonizaron.
Che, no se espanten, que no porque no se lea, no pasó. El ñandú es el que esconde la cabeza, nosotros no tenemos cómo porque sencillamente, no se debe hacer. Claro que algunas zafaban aún cuando fueran torturadas, por ej. Pedro Andrés García en su viaje a Salinas Grandes dio amparo a una india que, después de ser arrastrada con un dogal al cuello, fue abandonada en el campo y durante quince días se alimentó de hierbas y huevos de aveztruz.
Una "bruja" en la tribu tehuclehe de Kanquel, fueron apuñalados y quemados sus pies para que no pudiese andar y llevar maleficios a otras personas después de muerta (tampoco viva se me hace, ¿no?),  la acusación fue la muerte del hijo del cacique que fue por tuberculosis en realidad.
Me vino a la memoria un libro que leí hace unos años y que aún da vueltas en la biblioteca de mi casa, Mujeres indígenas de la pampa y la Patagonia, de Norma Sosa; de allí extraigo este pequeño fragmento de vida de las pehuenches.

No toda la caza de brujas la hizo la inquisición como siempre nos vendió jólligud.
Hay muchos relatos todos documentados de la vida de valerosas mujeres que habitaron este suelo antes de la llegada de los "blancos". Algunas sabían de antemano que si sus maridos morían, ellas también debían estar en la tumba, dentro de ellas aunque estuvieran vivas, pero muchos eran buenitos y les daban un lindo piedrazo en la cabeza como para atontarlas y que no hicieran "barullo" cuando les tocaba acompañar al marido en su tránsito final.
Pienso que, menos mal que no me tocó, pienso que... menos mal que vivo en un tiempo en el que puedo levantar la voz sin riesgo a que me corten la lengua.
No estamos en el paraíso, pero tenemos herramientas y ganas.


jueves, 1 de octubre de 2009

Has recorrido un largo camino muchacha...

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Cuando era niña solía escuchar esas conversaciones de señoras en las que decían: “-Cuando me casé, dejé de trabajar… ¡¡MI MARIDO no quería que trabajara más!!
Lo extraño en esa afirmación, era el tono de orgullo con el que entonaban la frase…

A partir de entonces supe que me interesaría decodificar lo que ese mensaje –y todo similar- podía significar, pues aún hoy sigue socavando a muchas mentes femeninas.
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Las señoras de entonces –mediados del Siglo XX-, se hinchaban de orgullo al referirse a la orden de sus maridos, como si en eso se encontrara el paraíso; negando una realidad aceptada de la época: el casamiento las transformaba -en la mayoría de los casos- en servicio doméstico con cama adentro… sin sueldo.
Salvo que el marido en suerte, fuera un señor con una economía acomodada, pero ese, es otro tema.

Entender que eran mujeres criadas por otras mujeres que a su vez habían sido criadas para… ¡¡servir al hombre!!, era la pauta establecida. El matrimonio debía ser el fin último, la meta cumplida y la razón de la existencia.


Limpiar, fregar, tener hijos, lustrar, lavar, tener hijos, planchar, cocinar, tener hijos, hacer las compras, ordenar, tener hijos… Tareas sin descanso, ni feriados ni domingos.

El inicio de la condena se daba con la firma ilusionada en el registro civil. Una sentencia tácita de un futuro a trabajos forzados; la que a su vez desde sus tatara abuelas era bien vista: estas eran las obligaciones que te llevarían irremediablemente a la felicidad.

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Es así que tras varios años de matrimonio la esposa tenía deseos de pedir asilo en Moldavia. Pero no se lo confesaba a nadie. Esto era traducido en un llanto solitario para cuando el marido e hijos estaban ausentes de la casa.

Según parece por aquellos años, muchas “esposas” habrían comenzado a consumir psicofármacos –recetados por médicos que a su vez también tenían esposas consumidoras de psicofármacos o alcohol-, medicación que les habría servido para escapar de esa realidad.

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Dejando de lado que el mercado vio en tanta frustración el espacio ideal para una fuente de ingresos, en éstas mujeres se encontró a la consumidora de novelas y de todo producto que garantizara “¡¡la felicidad de una ama de casa!!”
¿De dónde creen que viene la costumbre del día de la madre?: exacto, para cuando a un par de vivos se les ocurrió que expiar culpas mediante obsequios, mitigaría el sufrimiento a tantas generaciones de mujeres abnegadas por obligación.


Con esas perspectivas, existían algunas que se animaban a hablar de logros y deseos personales y la posibilidad de desarrollar vocaciones, dejando de lado trapos de piso o mamaderas.
Pero no solo el entorno condenaba estas posturas, ya que intentar hablar sobre carreras universitarias en lugar de elegir candidatos aptos para el altar ¡¡era terrible!!
Y ni mencionar la palabra divorcio, eso ya significaba ¡¡la pena capital!!



Podría decir que Simone de Beauvoir para esos momentos, fue quien levantó su voz para que las mujeres fueran escuchadas y tuvieran otros espacios. Para que no fueran postergadas. Para que la materia gris femenina no se desperdiciara o quemara por los vapores de los productos de limpieza…

Hoy, apenas a media distancia de esas féminas al servicio exclusivo del marido -hombres que seguramente se daban el lujo de tener amantes, salidas divertidas con amigos y profesiones venturosas-, podemos decir: aún nos queda un largo camino muchachas…


Acá estamos, buscando el equilibrio que se aproxime a lo que cada una realmente desea. Muchas compartimos el trapo de piso con logros profesionales; reuniones de padres en el colegio de nuestros hijos. Llevamos vidas sin pareja o al lado de hombres que al menos entienden que las obligaciones se comparten (¡¡eso quiero imaginar!!).
Más allá que nuestra vida actual tenga obligaciones y cargas, sabemos que al menos, podemos alzar nuestra voz para pautar nuestras obligaciones y marcar nuestras necesidades.

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