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viernes, 9 de julio de 2010

Resistencias

La polémica está instalada, y los nervios de muchos, crispados. La mera posibilidad de que dos personas del mismo sexo puedan conseguir el estatus legal que otorga el matrimonio deja entrever que hay muchos más prejuicios de los que pensábamos, que no somos taaan civilizados como creíamos.

Es muy habitual escuchar gente que dice "no me fijo en lo que hacen los demás", "cada uno hace lo que quiere". Habría que ver cuánta de esta gente que no se fija en las elecciones que hacen los otros de verdad soporta algunas de ellas.

Hay, por un lado, una sociedad que se llama a sí misma civilizada y tolerante, y por otro lado, gente (mucha) que piensa que la sola existencia de una ley bastará para que sus hijos hagan una "elección equivocada".

Porque, por supuesto, hay que pensar en los niños. Cuánta hipocresía, por favor.

Como si los niños pudieran vivir en una nube de algodón y sin sexo ni sexualidad toda su vida. Como si los niños no tuvieran derecho a pensar distinto que sus padres el día que crezcan. Como si los niños fueran una entidad ajena a la sociedad, a la que hay que preservar quién sabe de qué males.

Los males de los que habría que preservar a muchos niños están constituidos por sus propios padres y madres, que no saben educar con amor, respeto y tolerancia hacia el prójimo. Creo que ya tuvimos suficiente de eso.

Creo que la ley (no sé, no la leí) no me obliga a casarme con una mujer, ni me obliga a asistir al casamiento o a pensar en un regalo para los novios ni a convivir con ellos; ni siquiera me sugiere que debería ir a a tirarles arroz al registro civil.

Lo que sí sugiere es la posibilidad de evolucionar para mejor, y da un paso en pos del respeto y la tolerancia hacia "el otro" o "lo otro" (oh, esa monstruosidad) de los cuales muchos carecen.

Déjense de joder, por favor.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Ciudad de pobres corazones.

La canción que más me gustaba de Fito Páez, haciendo un poco de reflexión sobre el año que se termina, la cantidad de somatizaciones de gente que conozco y me rodea en nombre de...a esta altura del año no doy más...La manera obscena en la que se cocina y se toma hoy como si se terminara el mundo y no, no se termina el mundo, es sólo el año. Miro como si de una película se tratara, los parientes que se besan con buenos deseos mientras durante el año se cagan a la primera oportunidad, escuché a un par de judíos decir...feliz navidad... y hasta brindar morfando pan dulce; escuché a ateos celebrarla así que se trata de un fiesta hipócrita, claro que no he descubierto el hilo negro con esto pero...pero...a mí la navidad siempre me hizo mucha ilusión, preparar los regalos, ver la cara de satisfacción del regalado, la excusa perfecta para pintar la casa y adornarla con colores en un juego infantil que me está permitido como buena adulta con alma de adolescente, no de niña si no, sería más fácil entenderme.

Y hablando de Fito, me arruinó el poco espíritu navideño que junté, cada vez más pibas, cada vez más hermosas, qué querés que te diga, a mí me hace sentir como un viejo costal celulítico y sin ánimo de nada. ¡Viva Demi Moore!

domingo, 20 de diciembre de 2009

El manipulador y tus amigas

A muchas nos ha pasado eso de tener una relación con un manipulador.

Si ningún tipo es fácil, éste tipo de tipos lo es mucho menos, justamente porque es de los que necesitan dirigir la vida de los demás. A veces la de los amigos, a veces la de los padres, muchas veces la de sus empleados, pero siempre, siempre, tratarán de guiar (y no precisamente por la buena senda) la vida de la pareja y de sus hijos, si los tienen.

Una de las mayores broncas de todo manipulador es el espacio personal que su pareja pueda tener; y entre estos, el más importante es el que las mujeres tenemos con nuestras amigas.

El manipulador tratará por todos los medios de que su pareja quede lo más sola posible. Es muy común que todo comience con "A ésta no me la banco", o "Pero mirá cómo se viste", o "¿Qué? ¿con un novio nuevo? Esta es una loca". No es nada raro que la mujer entonces decida ver menos a sus amigas, por uno u otro motivo, y se vaya quedando cada vez más sola.

¿Por qué esa obsesión con las amistades?

La persona más fácilmente manejable es la que está sola. Las reuniones de amigas son un "peligro" para el manipulador, justamente porque los vínculos de amistad que generamos las mujeres son, en general, muy profundos. Solemos ser muy abiertas, sensibles, y tendemos a contarnos "todo". En ese todo (el manejador lo sabe muy bien) entran, por supuesto, los problemas de pareja.

Por eso es muy común que, frente a cualquier discusión, estos hombres respondan "seguro que te estuvieron llenando la cabeza". Estos comentarios, mezclados con una pizca de inseguridad son, para una mujer, un cóctel explosivo. ¿Quién tiene razón? ¿El hombre que elegí o las amigas (que también elegí)?

Nadie está del todo a salvo, porque inseguridades tenemos todos. El manipulador no es un tipo que la "tenga clara"; al contrario: suelen ser muy inseguros, por eso no soportan casi ningún tipo de planteos y se niegan a escuchar razones cuando, cualquiera sea la discusión de que se trate, están convencidos de tener, justamente, toda la razón.

No hay que confundir "el amor" con "entrega absoluta" de tiempo y espacio. Ni a un hombre, ni a una amiga, ni a un trabajo, ni a la casa, ni a nada. Una persona completa es la que puede diversificarse, enriquecerse con distintas actividades y también, por supuesto, con gente que la rodea. 

Es muy triste cuando estas mujeres "deciden elegir" a un hombre y nada más. Aquí reside el poder del manipulador: en saber que la mujer se quedó "sin redes". Una vez conseguido eso, es muy fácil para estos hombres continuar con su trabajo de araña. La única red, la única salvación, el único que está es él. Difícil, entonces, que la mujer tenga plena libertad para decidir, llegado el caso, si quiere seguir con él o no.

Todo, o casi todo, es cuestión de saber, querer y proponernos seriamente defender nuestro espacio.

domingo, 18 de octubre de 2009

Piropeame un cachito...

Abrujandradespeinada me hizo pensar en eso. ¡Qué lindos son los piropos!

De verdad, no me importa una nada que lo que me dice un hombre sea verdad o mentira al momento de piropearme, solo me interesa que me haya dedicado el ratito (y el galanteo, obvio).




Más allá de las guasadas que una se acostumbra a escuchar en su paso por la ciudad, hay piropos que nos emocionan, que nos hacen sentir únicas, que nos inducen a enamorarnos (aunque sea por un momento) del hombre que nos lo dijo. ¿O me equivoco y soy la única tarada a la que se le escapan los ojos detrás del piropeador de turno?




Cuando me piropean lindo, regalo una sonrisa.

También hay miradas que son piropos, y que no solo están dedicadas a nuestras partes más carnosas, hay que decirlo. Hay hombres que miran a los ojos directamente y que dedican una sonrisa cuando, finalmente, y ante la insistencia, accedemos a mirarlos. Ah, sí, porque nos hacemos las exquisitas, ¿eh? En eso, cuando queremos, no hay quien nos gane.

A medida que pasa el tiempo y vamos madurando, las mujeres recibimos más piropos "de mirada" que de palabra. Quienes nos dedican el vistazo halagador son, también, hombres maduros que, tal vez por miedo o por vergüenza, ya no se animan a pronunciar el halago (una pena, de verdad). Pero no dejan de mirar.

Sépanlo, hombres, eso es bueno, queremos eso, queremos que nos miren, nos encanta que nos piropeen.

En este link, ¡¡piropos geek!!

Eso sí, ni se te ocurra mirar a otra si estás conmigo, porque te parto el sifón en la cabeza.

A mi me dijeron una vez un piropo del que no me voy a olvidar mientras viva (o mientras huya de las garras del Alzheimer):

"Sos un poema de Neruda hecho realidad".

Contanos en tu comentario cuál fue el piropo más lindo que te dijeron, dale.

Es una manera de agradecer a quien te lo dijo.

¡Feliz día a todas las que nos animamos a traer hijos al mundo (que no es poco, doña)!

Exijamos, hoy, un piropazo.

lunes, 5 de octubre de 2009

Avisos para un trabajo como cualquier otro

"Es un trabajo como cualquier otro".

Es lo que suele decir mucha gente cuando se habla de prostitución.

Más allá del respeto que me merecen las trabajadoras del sexo, a la gente que dice eso suelo responderle "porque no lo tiene que hacer tu hija, o porque no tenés que hacerlo vos".

En España hay un debate que, por alguna razón, acá casi no llega: al mismo tiempo que se publican noticias sobre trata de personas, las páginas del diario rebosan de avisos con oferta de sexo. "Chicas chinas. 18 años. Muy dulces..." (extraigo uno de los que transcribió Página|12 el domingo 20 de septiembre).
La nota completa (muy interesante) está acá.

Allí se incluye también la opinión de Ana María de Miguel, profesora de Filosofía Moral y Política de la Universidad del Rey Juan Carlos de Madrid y feminista:

"Yo, cuando veo a las adolescentes de los países del Este y africanas por las calles de mi ciudad, siento el impulso moral de castigar pública y penalmente a los puteros. Pero creo que la prioridad es luchar contra la idealización que se hace del mundo de la prostitución desde muchos medios y desgraciadamente casi siempre desde el cine, las series... y casi siempre los hombres, que son juez y parte en este asunto. La prostitución no es la vida alegre, la mayoría de las prostitutas siente asco por los que les pagan, por más que tengan que fingir lo contrario. Creo que hay que hacer como con la violencia, denunciarla continuamente, interpelar a los varones..."




"El otro día en la tele salía una mujer africana y le preguntaban '¿por qué te prostituyes?'. No sabía español. Contestó: 'Yo, mamadas, cinco euros'. No sabía decir más'".

"Si nos importa algo dejar un mundo mejor a nuestras hijas e hijos, a las generaciones futuras, no podemos mandarles el mensaje de que (la prostitución) es un trabajo más. No podemos legarles una sociedad en que los profesores, al hablarles de las salidas profesionales, les digan a las chicas 'Y vosotras también, ya sabéis que siempre podéis ser putas. Las jóvenes como vosotras siempre tenéis muchas oportunidades en esta profesión'".

Eva Giberti, psicoanalista argentina, en la edición del 23 de septiembre del mismo diario, dice

"El cliente es violador".

"Muchos avisos de oferta de sexo dicen 'colegialas', 'chiquitas'. Aunque en la realidad no sean menores de edad, instalan simbólicamente en el imaginario que es aceptable y recomendable que un adulto tenga sexo con una niña. Se sabe que es 'mercadería' buscada porque garantizan el buen estado de salud genital, sexual. Es inducción al delito".

Algunos diarios, a todo esto, juntan con pala el beneficio económico de publicar estos avisos, a sabiendas de lo que gran parte de ellos implica: secuestro, esclavitud, trata de menores.

¿No sería hora de repensar estas cuestiones? ¿Vos qué pensás? ¿Dejarías de comprar tu diario o escribirías una carta de lectores solicitando que estos avisos dejen de publicarse? ¿Pensás que la prostitución es un trabajo como cualquier otro?

Obviamente, el tema no se soluciona dejando de publicar la oferta. Ya sabemos que va a seguir existiendo, pero sería interesante que los medios dejaran de ser cómplices de algunos delitos aberrantes.

Dejaron de publicarse avisos publicitarios de cigarrillos, porque el tabaco hace mal a la salud (esta es otra de las cosas que resalta Ana María de Miguel [Oh, ¡qué cosa! Jamás se me había ocurrido pensar en eso, ¿por qué será?]). Sin embargo, la oferta de sexo es escasamente cuestionada. ¿Será que no implica un daño para nadie?